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Fiebre de Carnaval

Fiesta Privada: El Regalo de Elena

 



Más tarde, después de vestirse y tomar un café cargado en la cocina minimalista, Marco y Elena se acomodaron en el amplio salón de su ático panorámico. La casa era un sueño de lujo: sofás de cuero italiano, arte contemporáneo en las paredes y ventanales floor-to-ceiling que dejaban entrar la luz dorada del atardecer sobre el skyline urbano. Elena se hundió en el sofá modular, con un gin-tonic helado en la mano, mientras Marco se acurrucaba contra su costado, su cuerpo musculoso y tatuado rozando el brazo suave de su esposa.

"¿Qué planes para esta noche?", murmuró Elena, sus dedos trazando círculos perezosos sobre el pecho definido de Marco.

Marco sonrió con picardía, sus ojos oscuros centelleando. "Podríamos llamar a la tropa. Montar algo íntimo... pero salvaje."

Elena arqueó una ceja, mordiéndose el labio inferior mientras sentía el pulso acelerarse. "¿Qué clase de salvaje?"

Marco deslizó una mano posesiva por la curva generosa del culo de Elena, apretando con firmeza. "Del tipo donde tú brillas en el centro. Donde todos te adoran... y te usan."

Un rubor caliente subió por el cuello de Elena, su coño ya palpitando ante la idea. "Joder, me encanta cuando planeas estas locuras", susurró, inclinándose para morderle el lóbulo de la oreja.

Marco sacó el móvil y tecleó rápido por el grupo privado de Telegram, risas ahogadas escapando con cada notificación. "Listo. Llegan en media hora. Prepárate para ser la estrella."

"¿Quiénes?", preguntó Elena, un cosquilleo de nervios y deseo revolviéndole el estómago.

"Amigos de verdad", evadió Marco con una guiñada. "Los que saben jugar sucio."

Una hora después, el ático vibraba: bajos electrónicos retumbando desde los altavoces invisibles, botellas de vodka y tequila alineadas en la barra de mármol, humo de cigarrillos finos flotando en el aire cargado de anticipación. Elena trajinaba en la barra abierta, sirviendo shots con una minifalda negra que apenas cubría sus nalgas redondas y un top escotado que dejaba sus tetas enormes al borde del desborde, pezones endurecidos marcándose contra la tela fina. Marco la interceptó de repente, tomándola de la muñeca y arrastrándola al centro del salón bajo las luces LED parpadeantes.

"¡Escuchad todos!", tronó Marco sobre el ritmo pulsante, su voz cortando el murmullo excitado. "Esta es Elena, mi reina. Y esta noche... es para vosotros. Tomadla. Disfrutadla. Rompedla."

Elena giró la cabeza, ojos muy abiertos clavándose en Marco. "¿Qué coño...?", balbuceó, pero Marco ya le había arrancado el top en un tirón seco, liberando sus tetas pesadas y firmes que rebotaron hipnóticas, con los pezones rosados erguidos como balas. La falda siguió el mismo camino, dejando a Elena en tanga mínima empapada, con un reluciente coño depilado asomando traidor bajo la gasa roja.

"Quiero decir que la vais a follar hasta que ruegue", aclaró Marco, tocándose su polla semi-dura ya tirando de los vaqueros ajustados, y los ojos devorando a su esposa expuesta. "Todos. Sin límites. Mi regalo para ella... y para vosotros."

La docena de invitados —tipos cachas con camisetas ceñidas, chicas con curvas letales y labios pintados— la rodearon como lobos, con las miradas hambrientas desnudándola más allá de la piel. Elena tembló. Un escalofrío de pánico delicioso mezclándose con el calor líquido entre sus muslos. "Marco...", susurró, pero su marido sólo le pellizcó un pezón, torciéndolo hasta sacarle un gemido ronco.

"Vas a adorarlo, zorra mía", gruñó Marco, empujándola hacia el primer invitado: un moreno fornido con brazos como troncos y una erección obvia bajo los pantalones. "Empieza con él."

El tipo la alzó como una pluma, estampándola contra el sofá de cuero con las piernas abiertas, tanga rasgada en segundos exponiendo coño hinchado chorreando jugos. "Mírate, puta casada", masculló, con sus dedos gruesos hundiéndose en su interior con schlick húmedo, bombeando brutal mientras lamía su cuello salado. "Empapada para extraños."

Elena arqueó la espalda, uñas clavándose en sus hombros. "¡Joder, sí! Métemelos más profundo", jadeó, y sus caderas ondulando instintivas contra la invasión. Él sacó los dedos relucientes y los cambió por su verga gruesa venosa, embistiendo hasta el fondo en un solo thwack que la hizo gritar. "¡Fóllame! ¡Destruye mi coño!", aulló Elena  Sus tetas enormes bamboleando hipnóticas con cada arremetida, sudor perlado goteando surcos entre senos. Marco observaba de pie, pajeándose la polla liberada. Larga, curvada, goteando precum, con sonrisa sádica fija en el espectáculo.

Otros se unieron al festín: una rubia tetona se arrodilló chupando pezones en succión voraz slurp-slurp, dientes mordiendo aureolas mientras sus dedos juegan con el clítoris; un calvo musculoso le metió la polla en la boca, follándole la garganta en glurk salivosos hasta que se le caen la babas. Elena se retorcía en éxtasis múltiple, orgasmos encadenados, chorros salpicando el sofá caro. "¡Me corro!  ¡Me corro! ¡No paréis!", el primer tipo explotando dentro,  con creampie espeso rebosando muslos temblorosos.

Marco no esperó turno: apartó al exhausto semental y la volteó bocabajo sobre la mesa de cristal, con su polla embistiendo su coño dilatado en splat viscoso, bolas slapando clítoris expuesto. "Eres mi puta compartida", rugió, martillando doggy style mientras estrujaba sus tetas contra el cristal frío.  "¡Diles lo que quieres!"

"¡Más pollas! ¡Llenadme toda!", gritó Elena, Su ano fruncido fue abierto por dedos ajenos lubricados con saliva, la doble penetración iniciando con un trío que la estiró al límite.

La noche se disolvió en orgía fluida: rotación implacable sobre mesas, sofás, suelo alfombrado. Elena cabalgando vergas monstruosas, sus enormes tetas estrujadas, chupadas, folladas, spitroast con pollas en boca y coño sincronizadas, anal brutal con pollas venosas, tríos con lenguas en clítoris mientras le chupaban las tetas. Mujeres se sumaron lamiendo corridas goteantes de su piel, dedos en ano mientras Marco le reclamaba una cabalgada reversa, multiorgasmos suyos salpicando cuerpos sudorosos en gemidos sinfónicos "¡Córreos dentro! ¡Marcadme!".

Al alba, Elena yacía en el suelo rodeada de cuerpos exhaustos. Su  cuerpo voluptuoso cubierto en capas pegajosas de semen, sudor y pintalabios, sus tetas brillantes rebosando restos, coño y ano abiertos palpitando chorreando charcos mixtos, con una sonrisa eufórica en los abios hinchados. Marco se arrodilló, besándola posesivamente mientras limpiaba un chorro con lengua. "¿Satisfecha, mi reina?"

"Mejor que nunca", ronroneó Elena, mientras sus piernas temblaban al incorporarse. "Repetimos pronto."

En su ático fortificado, Marco y Elena reinaban en un mundo de placer sin frenos, cada fiesta un trono de carne y deseo, ajenos al caos exterior.



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