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Fiebre de Carnaval

La Oficinista: La Promoción Inesperada

 



Capítulo 1: La Llamada a la Oficina

Rebecca era la estrella indiscutible de la agencia de publicidad downtown. A sus 30 años, con su melena castaña ondulada cayendo hasta los hombros, ojos verdes penetrantes y un cuerpo escultural —tetas copa DD, firmes que rebotaban con cada paso, culo redondo y prieto moldeado por horas de gym, y piernas interminables enfundadas en medias de rejilla— había escalado hasta gerente de ventas en tiempo récord. Vestía siempre como una diosa ejecutiva: faldas lápiz que abrazaban sus caderas como una segunda piel, blusas semitransparentes que insinuaban pezones duros, y tacones de 12 cm que la hacían caminar con un contoneo hipnótico. Pero Rebecca era más que un bombón: su inteligencia afilada cerraba deals imposibles, y su disciplina la convertía en la favorita de todos... especialmente de Mark, su jefe de 45 años, un semental de 1.90m con torso musculoso, barba recortada y una polla legendaria que, según los rumores de oficina, medía 22 cm de pura carne venosa.

Mark la había deseado desde el día uno. La veía en las reuniones, cruzando las piernas y dejando entrever que no llevaba bragas —un secreto que ella sabía que lo volvía loco—. Pero Rebecca siempre lo esquivaba con sonrisas profesionales, aunque en secreto fantaseaba con esa polla gruesa que había visto abultar sus pantalones en más de una ocasión. Ese viernes, todo cambió. Su intercomunicador pitó: "Rebecca, a mi oficina. Ahora. Trae tu portafolio".

Entró con su falda negra ajustada, blusa blanca ceñida que marcaba sus pezones erectos bajo el aire acondicionado, y tacones resonando como un tambor de guerra sexual. Mark no estaba solo. En la sala de juntas adjunta —cristales esmerilados para "privacidad"— esperaban cuatro altos ejecutivos: Tom (el VP de finanzas, 50 años, calvo y cachondo), Derek (director creativo, 38, tatuado y atlético), Victor (jefe de cuentas, 42, latino fornido) y Steve (nuevo socio, 48, con polla gorda como una lata). Todos con trajes caros, pero con miradas de lobos hambrientos.

"Siéntate, Rebecca", ordenó Mark con voz grave, señalando la silla al centro de la mesa ovalada. Ella obedeció, cruzando las piernas y sintiendo un cosquilleo en su coño ya húmedo por la tensión. "Hemos estado revisando tu rendimiento. Eres excepcional... pero hoy vamos a discutir tu promoción".

Capítulo 2: La Revelación y el Desnudo

Mark se levantó, rodeándola como un depredador. "Cierra la puerta con llave, Derek". El clic resonó como una sentencia. "Dime, Rebecca, ¿disfrutas tu trabajo?" Ella asintió, voz temblorosa: "Sí, señor. Mucho". Mark sonrió, apoyando las manos en sus hombros. "¿Sabes qué disfruto yo? Verte mover ese culo perfecto en faldas tan ajustadas. Y sé un secreto: no llevas ropa interior hoy, ¿verdad? Tu coño depilado está chorreando bajo esa falda, puta ambiciosa".

Rebecca se sonrojó violentamente, pezones endureciéndose como balas. "¿C-cómo lo sabe?" Mark rio: "Te veo en las reuniones, piernas abiertas 'accidentalmente'. Levántate y gira despacio. Muéstranos lo que hemos estado soñando". Hipnotizada por su autoridad —y por el calor creciente en su entrepierna—, se puso de pie. Giró lentamente, falda subiéndose lo justo para insinuar nalgas firmes. Los hombres jadearon: "Joder, qué tetas", murmuró Tom. "Mira ese culo para follar", gruñó Victor.

De repente, una mano grande —la de Mark— aterrizó en su trasero, apretando carne suave. "¡Ah!", gimió ella. Otra mano —Derek— subió por su blusa, pellizcando un pezón. "Quítate la blusa y el sujetador, Rebecca. Muestra esas ubres de vaca". Temblando de miedo y excitación, obedeció. Desabrochó botones, dejando caer la blusa. El sujetador push-up negro voló, revelando tetas perfectas, pezones rosados y duros como diamantes. "¡Dios, qué pezonazos para mamar!", exclamó Steve, sacando su polla semidura de 18 cm.

Mark la giró de cara a la mesa. "Zapatos y falda. Ahora". Rebecca se quitó los tacones —pies perfectos con uñas rojas—, luego bajó la cremallera de la falda, que cayó como una cascada, dejando su coño lampiño expuesto, labios hinchados brillando de jugos. Ninguna braga. Mark se arrodilló, inhalando su aroma almizclado. "Mira este coño de puta ejecutiva. Depilado para pollas, ¿eh?" Sus labios rozaron el clítoris, lengua lamiendo un surco jugoso. Rebecca jadeó: "¡Señor, por favor...!"

Capítulo 3: El Manoseo Brutal y la Primera Penetración

Los hombres se desvistieron en segundos. Pollas duras saltaron libres: Mark 22 cm venosos y gruesos; Tom 19 cm curvo; Derek 20 cm tatuado con piercing; Victor 21 cm oscuro y gordo; Steve 18 cm pero ancho como una cerveza. Rodearon a Rebecca, manos por todas partes. Mark hundió dos dedos en su coño empapado. "¡Estás chorreando, zorra! ¿Quieres promoción o pollas?" Ella gimió: "¡Las dos, joder!"

Tom y Steve atacaron sus tetas: mamando pezones, mordiendo areolas, dejando saliva chorreando. Derek le metió la lengua en la boca, besándola con fuerza mientras Victor le abría las nalgas y lamía su ano virgen. "Este culo pide polla", gruñó. Rebecca se retorcía: "¡Sí, fóllenme! ¡Quiero sus pollas gordas!"

Mark la empujó sobre la mesa de conferencias. "En cuatro patas, puta. Vamos a audicionar tus agujeros". Ella obedeció, culo en pompa, coño y ano abiertos como ofrenda. Mark se posicionó atrás: su glande enorme rozó labios vaginales. "¡Toma tu primera follada ejecutiva!" Empujó de un golpe, 22 cm enterrándose hasta el fondo. "¡Aaaah! ¡Me parte el coño!", gritó Rebecca, orgasmos prematuros sacudiéndola. Mark la taladraba salvaje, huevos golpeando clítoris: plaf-plaf-plaf-plaf-plaf-plaf.

Derek le llenó la boca: "¡Chupa, perra de oficina!" Su polla con piercing raspaba la garganta, sus babas chorreaban por la barbilla. Rebecca succionaba como una aspiradora, con su lengua girando en el frenillo.

Capítulo 4: El Gangbang Implacable – Turnos y Doble Penetración

Se turnaron como máquinas. Mark salió chorreando jugos, y Victor entró vaginal: "¡Mira cómo te estiro este coño de gerente!" La follaba profundo, manos en caderas magullando carne. Tom le metió polla en boca: "¡Traga mis bolas, zorra!" Ella tosía semen precorial, sus enormes tetas rebotaban contra la mesa.

Steve reclamó su culo: lubricado con saliva y coño-jugo, empujó su polla gorda. "¡Primer anal para la ejecutiva! ¡Relájate, puta!" Rebecca chilló de dolor-placer: "¡Me rompes el culo! ¡Más!" Steve la sodomizaba brutal, ano dilatándose en un túnel rosado. Derek volvió a vagina: doble penetración vaginal-anal. "¡Siente dos pollas rellenándote, Rebecca!" Gemía como loca: "¡Sí, fóllenme los agujeros! ¡Soy su puta!"

Mark grababa con su teléfono: "Sonríe para tu promoción, zorra. Esto va a mi archivo privado". Rotaban sin piedad: boca-coño-culo, pollas intercambiando agujeros empapados de lefa y saliva. Rebecca se corría una y otra vez, y su squirt salpicaba las  carpetas: "¡Me corro! ¡Llenen mi coño de semen!"

Capítulo 5: Creampies y Bukkake – El Clímax Brutal


Mark guardó lo mejor: la puso de rodillas en el suelo, polla en mano. "¡Todos, bukkake en la cara de nuestra nueva VP!" Se alinearon y pajearon furiosos. Corridas explotaron: chorros calientes en ojos, pelo, boca abierta. Rebecca lamía ansiosa: "¡Más semen! ¡Soy su lechera!"


Capítulo 6: El Limpieza Sucia y la Nueva Realidad

Agotados, la dejaron temblando en charco de fluidos: coño y ano goteando creampies blancos, cara enmascarada de semen, tetas brillantes. Pero no acabaron. Mark ordenó: "Límpianos, zorra". Rebecca chupó pollas flácidas, tragando restos lechosos. Ellos se turnaron para lamer su coño destrozado y lleno de semen. "Bienvenida a la junta directiva, Rebecca", dijo Mark, firmando su promoción en un contrato salpicado de semen. "De ahora en adelante, tus reuniones serán así. ¿Entendido?" Ella, sonriendo exhausta, besó su polla: "Sí, jefe. Folladme cuando queráis".

Capítulo 7: La Puta Ejecutiva Eterna

Desde ese día, Rebecca era la reina de la oficina. Cada "reunión estratégica" terminaba en gangbang: follada sobre mesas, en el ascensor, incluso en la sala de juntas con ventanales. Ganó millones en comisiones... y orgasmos. Mark la exhibía: "Mi gerente estrella, con agujeros siempre abiertos". Rebecca, adicta, respondía: "¡Folladme más duro, jefes! ¡Este coño es vuestro!" Su carrera —y su coño— nunca habían estado tan llenos.



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