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Fiebre de Carnaval

El Acuerdo de la Mesa de Póker

 



Elena, una universitaria de 22 años con un cuerpo de infarto —tetas 40H hipnóticas que rebotaban con cada paso, culo redondo y firme, y un coño depilado rosado que asomaba tentador bajo su falda corta—, llegó al chalet del casero con el corazón latiéndole fuerte. Llevaba un top ceñidísimo blanco que apenas contenía sus melones gigantes, dejando ver el borde de sus pezones duros por los nervios, una minifalda negra que rozaba su tanga rojo y tacones altos que acentuaban sus piernas interminables. "No puedo pagar el alquiler este mes, joder", se repetía mientras tocaba el timbre. Problemas con la beca y el curro de camarera la tenían jodida.

El casero, Julián —un tipo musculoso de 30 años con sonrisa de ganador y polla siempre lista—, abrió la puerta con una cerveza en la mano. Detrás, en el salón, rugían risas y fichas de póker: sus colegas habituales. Marcos (alto, barba de tres días, bromista), Hugo (callado, ojos devoradores), Andrés (soltero vicioso de 35, siempre sucio de mente), Raúl (38, depredador silencioso) y Esteban (el gordo empresario de 40 con manos babosas). "¡Elena, nena! Pasa, justo estamos en plena partida. ¿Qué te trae por aquí tan... provocativa?", dijo Julián, devorándola con la mirada mientras sus tetas se bamboleaban al entrar.

Todos giraron la cabeza. "Joder, qué buena está la inquilina", murmuró Andrés, ajustándose la polla en los pantalones. Elena tragó saliva, sintiendo todas las miradas clavadas en su escote. "Julián, necesito hablar del alquiler. No puedo pagarlo este mes, problemas económicos. ¿Podemos renegociarlo? Bajarlo un poco, por favor...".

Julián soltó una carcajada, cerrando la puerta. "¡Vaya timing! Chicos, la nena quiere negociar el alquiler. Pero sola no vale, ¿verdad? Aquí se decide en grupo. Siéntate, sírvenos unas birras frías mientras hablamos". Elena dudó, pero obedeció, inclinándose sobre la mesa de póker para rellenar vasos, dejando que sus tetas 40H casi se salieran del top. Los móviles ya salían: clics de fotos disimuladas a ese valle infinito de carne.

"Ok, Elena, el alquiler son 1200 al mes. ¿Qué ofreces a cambio?", preguntó Julián, repartiendo fichas. Ella se sonrojó, cruzando las piernas para que no vieran su tanga húmedo. "Puedo... limpiar la casa, cocinar, lo que sea. O pagarlo en plazos...". Marcos soltó una risotada: "Eso no cubre ni la mitad. Mira esas tetas, Julián. Propongo un reto: por 200 euros de descuento, nos dejas manosearlas por encima del top. ¿Trato?". Los demás asintieron, pollas endureciéndose. Elena miró a Julián suplicante, pero él sonrió: "Votad, chicos. Democracia".

Todos a favor. Elena suspiró, pero el descuento tentaba. Se levantó, se plantó frente a Marcos —el primero en pagar 50 pavos al bote común—. "Solo por encima...", murmuró. Marcos no perdió tiempo: metió sus manos grandes bajo el top, apretando esas ubres pesadas, pellizcando pezones rosados que se endurecieron al instante. "¡Joder, son como globos llenos de leche!", gruñó, amasándolas mientras Elena gemía bajito, coño empapándose. Los demás grababan con móviles: "¡Mira cómo rebotan! ¡Zoom en los pezones!". Duró 5 minutos enteros, Marcos chupando el cuello de ella hasta dejarla jadeante.

"¡Siguiente nivel!", gritó Andrés, tirando 100 al bote por 300 de descuento total. "Quiero chupar esos pezones. Vamos nena". Elena miró a Julián, que asintió: "Por el alquiler, amor". Se quitó el top despacio, tetas 40H cayendo libres, venosas y perfectas, pezones del tamaño de cerezas. Andrés se abalanzó: boca abierta, succionando un pezón como loco, tirando con dientes mientras la otra mano masajeaba la teta hermana. "¡Mmm, sabe a gloria! ¿Leche o qué?", bromeaba, lengua girando, baba chorreando por la curva. Elena arqueó la espalda, "Ahh... suave...", pero sus caderas se movían solas. Hugo y Raúl grababan close-ups: "¡Joder, míralas bailar! ¡Guárdalo para la posteridad!". 10 minutos de mamada intensa le dejaron los pezones hinchados y rojos.

Las apuestas subieron. Raúl, el callado, soltó 200: "Lapdance reverse cowgirl por 500 de descuento. Sobre mis piernas". Elena, ya cachonda perdida, se subió a horcajadas en el regazo de Raúl,  con su culo redondo frotándose contra su polla dura como hierro. Minifalda subida, tanga roja al lado, él metió dedos gruesos por debajo, rozando labios hinchados. "¡Estás chorreando, puta universitaria!", susurró, hudiéndole  el  índice en el coño depilado rosado,  mientras el pulgar masajeaba el clítoris. Elena cabalgaba lento, tetas rebotando en la cara de todos, gimiendo "¡Oh dios, más profundo!". Andrés se sacó la polla y empezó a  pajearse viéndolo, grabando el tanga empapado. Duró un cuarto de hora, Raúl con tres dedos bombeando el coño empapado y chupando las tetas y los pezones. Elena estaba al borde del orgasmo.

"¡A la mesa!", ordenó Julián, sumando 400 más al bote (900 de descuento ya). "Túmbate, tetona. Todos manoseamos esas tetas durante 5 minutos". Elena se estiró sobre la mesa de fieltro verde, tetas extendidas como platos, piernas abiertas. Manos por todas partes: Marcos pellizcando, Hugo amasando brutal, Andrés lamiendo axilas sudorosas, Esteban babeando sobre pezones, Raúl apretando hasta dejar marcas rojas. "¡Son perfectas para follar!", jadeaba Esteban. Julián aprovechó: "Mirad esto", bajó la minifalda y tanga, exponiendo coño rosado reluciente, labios mayores abriéndose solos. Dedos gordos del casero abrieron la vulva, clítoris palpitante a la vista. "¡Fotos, vídeos! Grabad su coñito virgen de alquiler". Flashes por todas partes, Elena retorciéndose: "¡Julián... no pares, métemelos!".

Esteban, el viejo gordo, no aguantó: tiró 500 al bote (¡total 1400, alquiler cubierto y más!). "Me voy a comer ese coño y le meteré los dedos hasta el fondo". Se arrodilló, su cara babosa hundida entre muslos. Lengua gorda lamiendo de ano a clítoris, chupando labios como ostras, "¡Sabe a miel, joder!". Dos dedos gruesos entraron, luego tres, follando su coño con palmadas húmedas, jugos salpicando la mesa. Elena gritaba: "¡Sí, cómemelo todo, cabrón! ¡Me corro!". Orgasmo brutal, chorro salpicando la barba de Esteban.

Ahí explotó todo. "¡Alquiler renegociado a 400 al mes... si nos folláis a todos!", decretó Julián. Apuestas locas: cada polla por turno. Primero Marcos: la tumbó en la mesa, su polla venosa de 20 cm embistiendo el coño abierto, tetas rebotando como locas. "¡Toma, puta tetona! ¡Por tu pisito!". Bombazos salvajes, 15 minutos hasta llenarla de leche caliente. Hugo el siguiente: la puso a cuatro, follando boca mientras Raúl la sodomizaba anal —"¡Tu culo es premio extra!"—, doble penetración grabada. Andrés y Esteban hicieron tag-team: uno en coño, otro en tetas follando (paizazo baboso). Julián al final: la montó en misionero, besándola mientras la llenaba. "Buena chica, has  pagado el alquiler con intereses".

Elena exhausta, con el coño y culo rebosando semen, tetas marcadas, estaba acurrucada en brazos de Julián. "Mañana mismo firmamos el nuevo contrato... y repites cuando quieras". Los chicos aplaudieron, móviles llenos de porno eterno. Ella sonrió, adicta ya: "Trato hecho, papis". ¿El alquiler? Un chiste. ¿La noche? Legendaria.



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