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Sofia, y la fiesta de soltero
La fiesta de solteros estaba en su punto álgido en el ático privado de un club exclusivo en el centro de la ciudad. Luces neón parpadeaban al ritmo de un reggaetón pesado, el aire cargado de humo de cigarros, sudor masculino y esa electricidad cruda que sólo se siente en una despedida de soltero. Carlos, el novio de 30 años, musculoso y con una sonrisa de ganador, estaba en el sofá principal, rodeado de sus padrinos Miguel y Jorge –Miguel, el bromista alto con barba de tres días, y Jorge, el más callado pero con ojos que devoraban todo–. Completaban el grupo cinco solteros: tipos variados, desde el gym bro tatuado hasta el oficinista desatado, todos con cervezas en mano y billetes listos para volar.
Sofía entró como un huracán. 26 años, curvas que desafiaban la gravedad, y esas tetas enormes 40H que eran puro imán hipnótico –redondas, firmes, rebotando con cada paso como si pidieran ser adoradas–. Su vestido rojo ceñido era una segunda piel: escote hasta el ombligo, dejando a la vista un valle de carne suave y bronceada que terminaba justo en el borde de sus pezones endurecidos por el aire acondicionado. Abajo, el vestido apenas cubría sus muslos jugosos, y esos tacones negros stiletto la elevaban como una diosa lista para el sacrificio. Su coño depilado rosado ya palpitaba bajo la tela fina, húmedo por la anticipación –sabía lo que estos tíos querían, y joder, a ella también le ponía.
"¡Ey, cabrones! ¡La reina de la noche ha llegado!", gritó Miguel desde el sofá, lanzando un silbido que cortó el ruido. Los solteros estallaron en aplausos y "¡Wooooh!" mientras Sofía subía al escenario central, la barra de pole dance brillando bajo las luces. Se giró, arqueando la espalda para que todos vieran cómo esas tetas enormes se mecían, casi saliéndose del vestido.
"¿Listos para que os vuele la cabeza, chicos?", ronroneó Sofía con voz ronca, agarrando la barra y trepando con una flexibilidad felina. Sus piernas se abrieron en split aéreo, el vestido subiéndose lo justo para insinuar el brillo rosado entre sus muslos. El grupo enloqueció: "¡Saca esas tetas, nena!", berreó uno de los solteros, tirando billetes al aire. Carlos se reía, pero sus ojos estaban clavados, polla endureciéndose bajo los pantalones. "Joder, Miguel, esta tía es de otro nivel", murmuró Jorge, ajustándose discretamente.
Sofía bailó sin prisa, deslizándose por la barra como si la follara. Sus caderas ondulaban lento, tetas botando hipnóticas –cada rebote hacía que los tíos se lamieran los labios, el aire espeso de testosterona y gemidos ahogados–. Bajó al suelo, gateando hacia el borde del escenario, y empezó los lap dances uno a uno. Primero Miguel: se sentó a horcajadas sobre él, restregando su coño depilado contra su entrepierna dura. "Mmm, ¿sientes cómo estoy de mojada ya, padrino?", susurró al oído, mientras sus tetas le rozaban la cara. Él metió un billete en su escote, manos temblando. "¡Joder, sí! ¡Sigue, puta caliente!"
La excitación crecía como una ola. Los solteros se tocaban por encima de los pantalones, Carlos sudando con una erección evidente. "¡Esta despedida va a ser legendaria!", gritó Jorge, mientras Sofía pasaba a él, girando para que su culo perfecto le golpeara la polla. El vestido se subió del todo en un movimiento, revelando destellos de su coño rosado y liso, labios hinchados y brillantes de jugos. "¡Mira eso, carnales! ¡Depiladita y lista para usar!", exclamó un soltero, y todos rieron con esa risa gutural de machos en celo.
Después de tres rondas, Sofía se paró jadeante en el centro, tetas subiendo y bajando, sudor perlando su piel. El grupo la rodeaba ahora, billetes en mano. Miguel, el líder, sacó un fajo grueso. "Oye, Sofía, preciosa... eso ha sido brutal, pero queremos extras. Lap dances privados, toques, lo que sea. Mil pavos más por cabeza si nos dejas ir a saco. ¿Qué dices, reina? Carlos se casa mañana, hay que despedirlo como Dios manda."
Ella se mordió el labio, sintiendo su coño palpitar, clítoris endurecido rozando la tela. Miró a Carlos, que asintió con ojos hambrientos. "Joder, chicos... ¿mil por cabeza? Eso son ocho mil. ¿Seguro que aguantáis?" Los tíos rugieron: "¡Sí, nena! ¡Te follamos el coño hasta que pidas agua!", "¡Saca esas ubres y déjanos mamar!"
Sofía sonrió, maliciosa, y se lamió los labios. "Acepto. Pero sin prisas... vamos a disfrutarlo. Primero, Carlos, el novio estrella. Ven aquí." Lo arrastró al sofá, sentándose en su regazo de espaldas, guiando su mano dura bajo el vestido. Sus dedos rozaron su coño depilado, resbaladizo y caliente. "Tócame, futuro casado... siente lo rosado y apretado que está para ti." Carlos gimió, hundiendo dos dedos en su coño mojado. Con la mano izquierda abrió su coño, dejando ver lo mojada que estaba y con la otra mano hacía circulos alrededor de su clítoris. Los demás miraban, pajillas empezando discretas, el aire vibrando de pura lujuria.
Miguel se acercó, sacando la polla ya. "Mi turno para esas tetas hipnóticas." Sofía se arrodilló, envolviendo su verga entre esas tetazas enormes, mamando la punta mientras Jorge le metía mano por detrás, dedos explorando su coño chorreante. "¡Joder, está empapada, tíos! Como una fuente." Uno a uno, los solteros se unieron, el ático convirtiéndose en un caos lento y sudoroso de lenguas, pollas y gemidos. "¡Chupa más fuerte, zorra!", "¡Fóllate esa barra con el coño al aire!"...
La fiesta ya era un puto volcán a punto de estallar, el aire tan denso de feromonas que podías masticarlo. Sofía, con el vestido rojo hecho un trapo arrugado alrededor de la cintura, tetas 40H al aire libre como dos melones hipnóticos –pezones rosados duros como balas, venas sutiles latiendo bajo la piel suave y brillante de sudor–, se arrodilló en el centro del sofá. Su coño depilado rosado era el centro de atención: labios hinchados y separados, clítoris protuberante asomando como una perla mojada, jugos chorreando por sus muslos internos hasta los stiletto negros. "Venga, chicos, extra time. Manoseadme a gusto, pero grabadlo todo para vuestros álbumes privados. Quiero veros pajearos después recordándome", ronroneó ella, abriendo las piernas en V para que todos vieran cómo palpitaba su entrada apretada y rosada.
Primero, Carlos, el novio estrella. Miguel le pasó el móvil ya grabando en 4K, enfocando el escote infinito de Sofía. "¡Graba bien, todo detallel! Mañana me caso, pero esta noche esta puta es mía primero." Carlos se lanzó, manos grandes amasando esas tetas enormes como si fueran masa –dedos hundiéndose en la carne blanda, tetas desbordando entre sus palmas, rebotando pesadas cuando las soltaba y volvía a pillarlas–. "Joder, Sofía, estas ubres son de campeonato... mirad cómo se mueven, cabrones." Ella gimió, arqueando la espalda para que sus pezones le rozaran los labios. Mientras, su mano libre bajó al coño: dedos gruesos separando los labios rosados, frotando el clítoris hinchado en círculos lentos. "¡Mmm, estás chorreando, nena! Siente esto..." Metió dos dedos adentro, el sonido chapoteante llenando la habitación, jugos salpicando su muñeca. Sofía cabalgó su mano, tetas botando hipnóticas frente a la cámara. "¡Sí, métemelos más hondo, futuro casado! Graba cómo me corro para ti." Él sacó el móvil un segundo para enfocar close-up su coño depilado tragándose sus dedos, labios rosados estirándose, antes de volver a las tetas, chupando un pezón mientras manoseaba la otra con saña.
Los solteros aullaron: "¡Dale caña al coño, Carlos! ¡Esas tetas parecen globos listos para reventar!"
Siguiente, Miguel, el padrino bromista. Jorge le pasó su móvil, ya con la polla fuera pajeando lento. "Mi turno, reina. Vamos a hacer un vídeo épico para mi galería de despedidas." Miguel se sentó, tirando de Sofía a su regazo. Sus manos callosas atacaron las tetas primero: las levantó desde abajo, pesadas y firmes, juntándolas para follarlas con su polla dura –la verga deslizándose entre el valle sudoroso, pezones rozando su vientre–. "¡Hostia, qué suaves y gordas! Rebotan como locas, mira." Sacudió las tetas de lado a lado, ondas de carne hipnótica ondeando para la cámara. Luego, bajó una mano al coño: palma abierta frotando todo el monte de Venus depilado, pulgar en el clítoris mientras dos dedos chapoteaban adentro. "¡Estás como una almeja abierta, puta! Rosadito y empapado... siente cómo te abro." Sofía jadeó, restregando su coño contra su mano, tetas aplastadas contra su pecho mientras él grababa el manoseo –close-up de labios rosados hinchándose más, jugos goteando por sus bolas–. "¡Graba cómo me tocas las tetas mientras me manoseas el coño, sí! ¡Voy a correrme!"
Jorge, el callado pero vicioso. Sacó su propio móvil, el gym bro tatuado sujetándoselo para ángulo perfecto. "Shhh, Sofía... vamos lentito para el álbum." La tumbó de lado en el sofá, una mano en cada teta: pellizcando pezones, estirándolos hasta que dolía rico, luego masajeando la carne desde la base para que rebotaran solos –ondas lentas, hipnóticas, como gelatina viva–. "Estas 40H son adictivas... mira cómo tiemblan." Su otra mano se coló entre sus muslos, dedos índice y medio deslizándose por los labios rosados exteriores, abriéndolos como pétalos para la cámara. "Coño perfecto, depiladito y jugoso... ¿sientes cómo palpitas?" Hundió tres dedos, curvándolos contra su punto G, pulgar martilleando el clítoris. El sonido era obsceno: squelch-squelch, jugos salpicando el cuero del sofá. Sofía se corrió ahí, tetas agitándose salvajes, gritando "¡Sí, manosea mi coño así, grábalo todo!"
Los cinco solteros se turnaron sin prisa, cada uno con un móvil grabando su sesión personal –uno enfocaba tetas rebotando mientras manoseaba el coño con cuatro dedos estirándolo, labios rosados fruncidos y brillantes; otro grababa close-up de pezones siendo ordeñados, leche de sudor chorreando, mientras frotaba su clítoris hasta que squirteaba un chorro fino. "¡Joder, mira ese coño rosado tragándoselo todo!", "¡Estas tetas hipnóticas van directo a mi drive, tíos!" El aire vibraba de gemidos, pollas duras pajilleando al ritmo, excitación palpable como humo.
Sofía estaba hecha un desastre glorioso: tetas rojas de tanto manoseo, coño depilado hinchado y reluciente, jugos por todas partes. "¡Más, cabrones! ¿Quién sigue follando estas tetas mientras me revientan el coño?"
La fiesta ya era un puto infierno de lujuria pura, el suelo del ático pegajoso de sudor y jugos, móviles en todas partes grabando en 4K para álbumes privados que estos cabrones atesorarían para siempre. Sofía, tetas 40H rojas e hinchadas de tanto manoseo –pezones protuberantes, carne temblando con cada jadeo–, coño depilado rosado ahora un desastre glorioso: labios gruesos y separados, clítoris palpitante como un botón rojo, entrada chorreante invitando a ser destruida. "¡Venga, tíos! Hora de las folladas reales. Empezamos con reverse cow para que grabéis primer plano de mi coño tragándose pollas. ¡Quiero veros correros viéndolo después!", gruñó ella, empapada y lista.
Primero, Carlos, el novio estrella. Miguel le pasó su móvil estabilizado en trípode, enfocando perfecto el coño de Sofía. Ella lo montó en reverse cow sobre su regazo en el sofá central, de espaldas a él, piernas abiertas en V para la cámara. "¡Graba bien, futuro casado! Mira cómo mi coño rosado te come la polla." Carlos sacó su verga gruesa y venosa, guiándola a la entrada depilada –labios rosados se abrieron como flores húmedas, tragándola centímetro a centímetro con un squelch obsceno. Sofía bajó lento, tetas enormes rebotando hipnóticas frente al móvil: ondas pesadas subiendo y bajando, pezones rozando sus propios muslos. "¡Joder, qué apretado estás, Carlos! Siente cómo te aprieto." Cabalgó sin prisa, subiendo hasta que solo la punta dilataba sus labios rosados –close-up brutal: jugos cremosos cubriendo la polla, clítoris frotando la base–, luego hundiéndose hasta las bolas, tetas botando salvajes. Él manoseaba desde atrás, dedos hundiéndose en la carne blanda, estirando pezones para la cámara. "¡Mira esas ubres rebotando, cabrones! ¡Y ese coño rosado chupándomela!" Los solteros pajilleaban al ritmo, "¡Dale, novio! ¡Fóllale el coño depilado hasta que squirtee!"
Sofía se corrió primero, coño convulsionando alrededor de su polla, chorro fino salpicando la cámara. Carlos no aguantó: "¡Me corro, puta!" Sacó y pintó sus tetas hipnóticas de leche espesa, glaseando pezones y valle para el vídeo final.
Turno de los demás, uno a uno en reverse cow. Miguel fue el siguiente, móvil propio en mano grabando su cara de placer mientras Sofía lo montaba igual: coño rosado dilatándose alrededor de su polla curva, labios hinchados estirados al límite, jugos goteando por sus bolas. "¡Hostia, reina, tu coño es un vicio! Mira cómo rebota con mis tetas." Manoseó las 40H desde abajo, juntándolas para que rebotaran juntas –hipnóticas, sudorosas–, close-up en el móvil capturando cada chapoteo. Jorge la folló callado pero profundo, su verga gorda abriendo el coño depilado hasta que los labios rosados fruncían blancos; tetas agitándose lentas, él pellizcando pezones hasta ordeñar gotas de sudor. "¡Graba cómo palpitas adentro, zorra!"
Los cinco solteros se turnaron sin prisa, cada polla diferente destrozando su coño para la cámara: el gym bro tatuado la hizo gritar con thrusts duros, tetas rebotando como locas mientras grababa close-up de su clítoris frotando; el oficinista la cabalgó temblando, manos amasando tetas hasta dejar marcas rojas. Cada uno corría –en tetas, pintando esas 40H hipnóticas de semen caliente que chorreaba por la carne blanda, o directo en el coño rosado, creampie goteando para el lente–. "¡Lléname el coño depilado, cabrón! ¡Graba cómo sale tu leche de mis labios rosados!", gemía ella, aire espeso de gemidos y flashes de móviles.
Exhausta pero en llamas, Sofía fue tumbada boca arriba sobre una otomana baja en el centro –piernas colgando abiertas, coño depilado expuesto como un banquete: labios rosados hinchados y rojos, lleno de creampies mixtos chorreando lento, clítoris latiendo–. Tetas 40H extendidas a los lados como almohadas vivas, rebotando con cada respiración. Dos solteros restantes la penetraron al tiro: uno en coño (el gym bro, polla gorda estirándola hasta el límite, labios rosados fruncidos alrededor), otro en tetas.
Y ahí entró lo mejor: con las manos libres, Sofía pajeaba a dos más –una mano en la polla de Miguel, surcando venas y apretando la base mientras él grababa su propia paja; la otra en Jorge, dedos resbaladizos ordeñando precum, tetas rebotando al ritmo de los thrusts en coño–. "¡Mmm, dadme esas pollas en las manos! ¡Voy a sacaros la leche mientras me follan!" El grupo rotaba lento: pollas entrando y saliendo de su coño depilado (close-ups capturando creampies nuevos mezclándose, labios rosados rebosando blanco cremoso), tetas manoseadas y folladas hasta brillar de semen, manos pajeando sin parar –ella giraba muñecas expertas, pulgares en glande, sacando gemidos roncos–. "¡Joder, pajea más rápido, puta! ¡Mira cómo le revientan el coño!", berreaban, móviles por todas partes grabando el caos: tetas hipnóticas cubiertas de leche, coño rosado como un río lechoso.
Sofía gritaba orgasmos en cadena, coño squirteando alrededor de pollas, tetas agitándose como olas. "¡Más pollas en mis manos! ¡Llenadme toda!"
El caos en la otomana alcanzó su pico apoteósico, el ático un puto campo de batalla de gemidos roncos, flashes de móviles y carne chocando. Sofía era el epicentro: coño depilado rosado convertido en un cráter lechoso, labios hinchados y fruncidos rebosando creampies mixtos de ocho pollas –blanco cremoso goteando lento por sus muslos, clítoris latiendo rojo e hinchado bajo el último pulgar que lo martilleaba–. Tetas 40H hipnóticas, ahora un lienzo obsceno: glaseadas de semen en capas gruesas, pezones cubiertos de perlas blancas que chorreaban por la carne temblorosa, rebotando con cada thrust final. Sus manos no paraban, pajeando a Miguel y Jorge al límite –muñecas girando expertas, ordeñando venas hinchadas hasta que explotaron: Miguel pintó sus tetas derechas con chorros calientes, Jorge las izquierdas, semen fresco mezclándose en el valle y salpicando su barbilla.
"¡Joder, cabrones, dadme todo! ¡Llenad mi coño rosado y estas ubres hasta que no quepa más!", rugió ella, corriéndose en cadena una última vez –coño convulsionando, squirteando un chorro potente que salpicó móviles y caras, tetas agitándose como olas de gelatina viva bajo la lluvia de leche. Los dos últimos solteros rotaron adentro: gym bro descargó un creampie profundo en su coño, su polla pulsando mientras los labios rosados lo apretaban, leche burbujeando al salir; el oficinista folló sus tetas hasta vaciarse entre ellas, glaseando el escote hasta el ombligo.
Todos jadearon exhaustos, pollas flácidas goteando, móviles capturando los close-ups finales: coño depilado chorreando ríos blancos por muslos temblorosos, tetas 40H brillando como trofeos cubiertos de semen espeso que Sofía untaba juguetona con los dedos, lamiendo uno para la cámara. "Álbumes privados listos, chicos... pajeaos con esto en las bodas aburridas. Carlos, ¿despedida épica o qué?" Él rio, besándola semenoso. "Legendaria, puta reina."
La fiesta se apagó lento: Sofía se levantó tambaleante, stiletto pegajosos, con el vestido rojo hecho jirones colgando de su cintura. Ocho mil pavos en mano, coño palpitando satisfecho, tetas rebotando orgullosas al salir. "Hasta la próxima despedida, cabrones." Luces bajas, risas roncas, y esos vídeos para siempre en sus galerías secretas.
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